4 2?
¿3_
<J~
\
W/S: LA ESCUELA ■* A,
•%
COMEDIA EN CINCO ACTOS Y EN VERSO
ESCRITA EN FRAIfCES
POR Mr. CASIMIR DELAVIGNE, r\^SP
y arreglada al teatro español
POR D. ANTONIO GIL DE ZARATE.
^^
MADR
íi ■£ I) T»^ v / -'• •
IMPRENTA DE DON JOSÉ MARÍA REPULLES.
1839.
■ , A
PERSONAS.
;■■
Don Anselmo de Espinosa. Don Simón Rodríguez. El duque del Mar. Valentin, criado. Dona Clara. Doña Elvira. Un lacayo.
— aWSftSfo
La escena es en Madrid.
i JB^^H^fims-
Será perseguida ante la ley cualquiera persona que reimprima esta Comedia, ó la represente en al- gún teatro del Reino sin la competente autorización, según previene la Real orden inserta en la Gacela de 8 de Majo de 1837 relativa á la propiedad de las obras dramáticas»
ESCENA PRIMERA.
DON ANSELMO. DON SIMÓN.
Simón, ¿ JL ú en Madrid , Anselmo ? Ansel. En él
vengo á fijar mi inorada. Simón. ¿Te chanceas? Ansel. No por cierto. Simón. ¿Dejas á Cádiz, tu patria, tú, rico hacendado, y antes comerciante? ¿Ya le cansa tu pais natal ? Ansel. No es eso;
sino que... mira... la causa es que... pero has de jurarme no reírte. Simón. Está hien ; habla. Ansel. Estoy... Simón. ¿ Qué ? Ansel. Casado. Simón. ¡Corno!
¿ por segunda vez ? Ansel. Me hallaba
harto ya de la viudez. Simón. ¿A sesenta años? Ansel. ¿Lo estrañas?
A mi ver es buena edad. Simón. ¿ Y sin decirme palabra ? Ansel. Temí tu genio burlón. Simón. ¿Tu esposa sin duda raya
en los cuarenta ? Ansel. No tanto. Simón. Tendrá treinta.
,13002
[4]
Ansel. Aun no.
Simón. ¡Caramba!
Ansel. Es preciosa, amigo. Joven, hermosa... con una gracia.» en fin, veinte años no mas.
Simón. ¿Por supuesto gaditana?
Ansel. Sí: vivia con su abuela,
buena muger, que aun se afana por los placeres del mundo en su edad sexagenaria. Está loca por su nieta , v con razón, que es alhaja. Yo la vi , quedé prendado... en fin, ahorrando palabras, hablé de boda... Temia que mi edad... pero qué, nada; ¡ ya se ve! juiciosa, humilde, una escelen le crianza...
Simón. Consintió.
Ansel. Pues.
Simón* Y la nina,
á quien la provincia cansa, ¿quiere ahora ver la corte?
Ansel. Es deseo que abrigaba
ha tiempo en su corazón. Luego también le dañaban aquellos aires. Dispuse que abuela y nieta pasaran á Madrid, y van dos meses que están aqui.
Simón. ¿Pues no acabas tú de llegar ?
Ansel. Sí.
Simón. ¿Pues cómo...?
Ansel. Un negocio de importancia me ha detenido.
Simón. ¿Y las dos
por su respeto campaban?
Ansel. ¿Por qué no?
Simón. Si tú lo quieres...
Ansel. Simón, ¡qué dias pasaba tan opacos y sombríos
[5]
lejos de mi esposa amada!
Anoche llegué; mas solo
pude verla un ralo: estaba
de baile, y ya ves, no es justo
á la pobre esclavizarla» Simón. Ya se ve. Ansel. Fuese ; y quedé
contemplando la elegancia
de mi habitación. Simón. ¿Del duque
del Mar no es esta la casa? Ansel. Sí: vive en el principal. Simón. Hombre, bien: no ha dos semanas
que se halla en el ministerio
un tio suyo : no es mala
vecindad: yo debo estarle
agradecido: la plaza
que tengo en la lotería
se la debo. Ansel. Y qué tal, ¿pagan ? Simón. Como es administración ,
yo me valgo de mis mañas j
y á puro cintas y luces
los billetes se despachan. Ansel. También mi muger pretende
que. me coloque. Simón. ¿ Tú ? Ansel. ¡Vaya!
¿ Por qué no ? Simón. ¡Como eres rico! Ansel. No soy pobre; roas me falta
adquirir cierto esplendor ;
y si calzarme lograra
una Dirección... ya ves... Simón. Buen bocado, y si lo atrapas...
Pero á otra cosa: tu hijo
¿cómo ha llevado tu marcha? Ansel. No vive ya con nosotros.
Es casado; y la madrastra
corria mal con la nuera ;
mas mi corazón le ama
cual siempre.
[6]
Simón. Eso no está bueno.
Tus consejos le guiaban; y ahora entregas su fortuna á los riesgos y mudanzas del comercio... Yo conozco á otro mozo, á quien acaba su padre de abandonar. Erró el cálculo, y en caja no tiene con que pagar , . cierta cantidad: librarla debiera contra su padre; mas no se atreve, y descarga el nublado sobre mí. Cuatro mil duros ¡no es nada! necesita. ¿Me los puedes tú pies lar?
Ansel. Hombre, mi Clava te los dará.
Simón. ¿Tu muger?
Ansel. Sí.
Simón. ¡Muy buena va la danza!
¿Con que es tu cajera? ¡lindo! ¡ Ay , amigo, y qué mudanza en tu carácter! ¡Cuan otro eres que en tiempo de marras! Antes el campo y sus ñores tan solo te embelesaban ; y ahora en medio de la corte lujo v placer le acompaíiaiw ¡Lo que puede una muger! ¡Ah, malditas alimañas! Luego me dirán, casaos ; para el tonto que tal baga. Digo, si de mis amigos yo cediera á las instancias cuando no ha mucho...
Ansel. Pues qué,
¿también casarte intentaban?
Simón. ¡Y tanto! me proponían
una novia... era una ganga para mí, decian ellos: muy rica, de buena casa...
■ C7]
Ansel. ¿Y la has rehusado?
Simón, Sí.
Ansel. ¿ Por qué ?
Simón. Porque era muchacha y hermosa.
Ansel. Tanto mejor.
Simón. Mal se avienen con las canas hermosura y juventud, que mil sustos nos arrastran; y como por otra parte viejas y feas me espantan, por huir de ambos estremos resuelvo morir con palma.
Ansel. Mil dulzuras que tú ignoras en el himeneo hallaras.
Simón. Y también mil amarguras: en fin, el que no se embarca libre de naufragios vive. Asi estoy bien : no me afana el juntar dote á mis hijas, ni con cien llaves guardarlas: no tiemblo cuando mi esposa ve el correo de las damas, y algún funesto proyecto contra mi bolsillo fragua: no estoy hecho un alma en pena en un rincón de la sala mientras baila , y mi apetito hacia la cena me llama. Entro cuando me acomoda; salgo cuando me da gana ; dispongo, en fin, de mí mismo, y sobre mí nadie manda. ¡Oh celibato dichoso! ¿qué son, qué son comparadas las delicias de himeneo con tu independencia? nada.
Ansel. Pues dígote que no hay suerte como la del que se casa tras larga y triste viudez. Es resucitar: yo estaba casi muerto: ¡qué fastidio!
[8] ¡Qué humor tan negro! Mi Clara con su hechizo y sus cuidados ha vuello á encender la llama de mi vida... Tiene, es cierto, sus defectos... y ¿quién se halla libre de ellos? Me murmuran porque en mi bolsillo manda: soy rico ; y cuando su mano secretamente derrama piadosos dones, entonces me olvido de lo que gasta. Tiene el genio vivo: yo también le tengo ; regaña á veces conmigo, mas un cariño, una mirada me vence, y ceden mis iras al poder de tantas gracias. Si estoy solo, al punto viene; ¿me canso? su mano blanca me presenta un dulce apoyo y me abrevia la distancia. Tengo quien siente mis males, quien me escucha, quien me halaga. ¡Cuál su beldad me envanece! Sí; cuando por la mañana ese astro luce á mis ojos de placer se inunda el alma* Ya los ultrajes del tiempo no me aflijen ni me espantan: amante á la par que amado junto á mi esposa adorada, renazco y vuelvo á gozar de la juventud lozana.
Simón. ¡Cáspita, qué fuego!
AnseU Amigo,
verás, verás á mi Clara. Sí, don Simón, la amareis á pesar de vuestras canas.
ESCENA II.
DICHOS. VAIEKIlSi
AnseU ¿Qué hay de nuevo, Valentín?
¿Qué significa esa cara
tan... Val* Señor, quisiera hablaros
en secreto dos palabras. AnseU Di lo que quieras. Val. Es que... AnseU El señor es de confianza:
habla. Val* No es eso , sino
que... como... AnseU No seas machaca. Val. Han sucedido aqui cosas
antes de vuestra llegada... Simón, Quédale con Dios, Anselmo. AnseU No le marches. Simón. Pues repara
que le espones... AnseU Y ¿ qué puede
contar? Esplícate, acaba. Val. Pues digo que para mí
es harto joven el ama. AnseU ¿De veras? Val. Por el camino
me hizo montar una jaca
retozona: yo, señor,
soy mal jinete; y á cada
salto que daba, reía
la señora á carcajadas. AnseU Mas también si te cayeras
seguro estoy que llorara. VaU Buen consuelo para mí
si al caer me desnucaba.
Mas al llegar fue peor.
Encajóme esta Casaca,
y quiso que de un lacayo
todos los aires lomara.
[10]
¡A mi edad, señor...! Simón. ¡Pobre hombre! Val. Lo que mas me llega al alma,
es qne en la zaga del coche
pretende, señor, que vaya. Ansel. ¿Qué coche? Val. El vuestro. Simón. ¿ Ya tienes
coche? Ansel. No. Val. Sí tal ; y el ama ,
no pudiendo ya vencer
mi natural repugnancia,
ahora ha dado en emplearme
para sus recados. Anjel. Vaya ;
ya es otra cosa. Val. ¡Ay» señor!
ni un punto mi cuerpo para;
cien calles corro en un dia ;
y cuando al fin vuelvo á casa,
pronto, á servir la comida;
y á f é que es obra pesada
servir á treinta de mesa» Ansel. ¡Treinta! Val. Sí señor; si dura
el feslin hasta las tantas
de la noche. Simón. ¿ Con que das
festines ? Val. Cada semana
ha de haber lo menos uno. Simón. Hombre, eso es soberbio. Ansel. Si habla
sin saber lo que se dice. Val. Y para darme mas rabia
el i je el lunes, y asi
el domingo se me marcha
en preparativos. Ansel. Eres
un holgazán. Val. ¿Yo? sí...
[11]
Ansel» Calla.
Val. Bien decía yo...
AnseU ¿Replicas?
Val. Que si el matrimonio entraba
por una puerta, saldria
yo por la otra. Ansel. Pues marcha.
Vete. Val, Muy bien, me iré. Simón» No.
Capitulad: no se vaya;
mas quede para servirte
á tí solo. Ansel. Está bien. Val. Gracias. Ansel. Mi mnger consentirá
con una sola palabra
que le diga... Ya se acerca.
Mírala. ¿Ves qué agraciada?
ESCENA III.
DICHOS. DOÑA CLARA. LACAYOS.
Clara, Treinta cubiertos: ¿oís? mandad disponer la sala ; que todo en ella respire lujo y placer: sin tardanza marchad... Querido, ¡qué dia {A Anselmo.') tan hermoso hace! Maiiária quiero que nuestra comida nos haga honor. Al fin, gracias al cielo, le vuelvo á ver... ¡Caballero! Ayer pensaba
{Saludando d Simón.") divertirme, ¡pero qué! {A Anselmo.) estuve siempre alelada pensando en tí. ¡Sentí tanto dejarte solo...! esta í'alta me la debes perdonar. ¿Me la perdonas...? sí; vaya, dame un abrazo.
[Í2]
AnseU Yo solo
soy el culpable... ¡qué gracia !
si yo la obligué á que fuese. (A Simón.') Clara» No, no pienses que recaiga...
¡Ah! ¿vos aqui, Valentín?
Me alegro... Id luego sin falta
por un palco principal
para la ópera... ¿Os agrada
la música...? Iréis conmigo.
Oiréis... ¡ab! se me olvidaba*
De paso me comprareis
esa novela de que hablan
boy los periódicos... dicen
que es horrenda; pero... vaya,
no os burléis, pues á mí siempre
me divierte lo que espanta.
A casa de la modista
iréis después, que me traiga
el gorro nuevo; después... Val. Al oir esta palabra
me tiemblan las piernas. Digo,
señor... AnseU Querida, repara
que es viejo y no puede mas. Clara» Pienso que todos me igualan
en edad y en ligereza. AnseU Yo le he dado mi palabra
de que á mí tan solamente
servirá. Clara» Bien hecho; basta;
quiero que se cuide bien.
Sí, Valenlin, en la casa
serviréis solo á mi esposo.
¿Oís? Val, Señora, mil gracias.
(Al menos estaré libre
por hoy de tantas andanzas.) AnseU ¿Qué te dije? (A Simón.) Clara. ¡Ay Dios! no tengo
nadie á quien mandar... mañana
quedará libre ; mas hoy, hoy por lo menos...
[13]
Ansel. El ama
te lo pide por favor.
Hoy tan solo: vamos, anda. Simón. Es lo ya lo preveía, (aparte.) Val. Pues no hay mas remedio, al agua. (Fase*) Ansel. ¿No tiene buen corazón? {A Simón.)
ESCENA IV.
DON ANSELMO. DOÑA CLARA. DON SIMÓN.
Ansel. Te presento, amada Clara,
á un antiguo amigo mió:
Rodríguez, mi camarada
de colegio. Clara. ¡ Ah ! sí, conozco
ya al señor. Simón. ¿ Sí ? Clara. ¿No os llamaban
los dos hermanos? Simón. Es cierto;
y como á hermano le amaba. Clara. Sin embargo os dividían
las contiendas literarias. Simón. ¿Quién os ha contado... Clara. Anselmo
me lo ha dicho veces varias.
Aun sé mucho mas. Él es
quien siempre mas enredaba. Simón. Alborotador eterno. Ansel. Tú, siempre me predicabas. Clara. ¿ Y aquellos versos latinos
que os valieron la medalla ? Simón. ¿También lo sabéis, señora?
¡Oh qué memorias tan gratas
me escitais! (Ap. á Anselmo.) Tiene talento. Ansel. ¿ No es asi ? Clara. Callo: ya basta:
tan lisonjeros recuerdos
la cabeza os trastornaran.
Pero venid á menudo,
señor, á honrar nuestra casa.
[14]
Yo misma á vuestra parienla
iré á buscar. Simón. Escusada
molestia... soy... (Turbado.) Ansel. Solterón:
por sistema no se casa. Simón. Ya estoy convertido. Clara. Pues
probadlo: siempre se cansa
un solieron de estar solo.
¡Tiene momentos de tanta
desesperación...! Venid,
venid á menudo, y haga
nuestro ejemplo que algún dia
adorne con sus guirnaldas
vuestra sien el himeneo. Simón. De hacerlo os doy mi palabra.
Bien quisiera prolongar
este rato; mas me llama
un asunto. A escribir voy.
Que el dinero no haga falta. (A Anselmo.) Ansel* Pierde cuidado; mas oye:
para escribir una carta
mejor en mi gabinete
puedes estar que en tu casa. Simón. Como tú quieras , amigo.
A los pies de usted, madama.
Abur... sea enhorabuena. (A Anselmo.)
Tu muger es una alhaja. (Fase.)
ESCENA V.
DON ANSELMO. DONA CLARA.
Clara. ¡Qué jovial es el amigo! (Ríe á carcajada.)
¡Y que facha tan eslraña !
¡Qué casacon ! ¡Qué peluca!
Aun viste á la antigua usanza.
Parece el cuadro ambulante
de un nieto de dona Urraca. Ansel. No te burles: es suceto
C<5]
de apreciables circunstancias; muy íntegro en los negocios, de una conducta arreglada... Tú puedes favorecerle. Clara» ¿Sí? pues quiero hacerlo; habla. Ansel. Necesita algún dinero;
y yo el dia de tu marcha te confié diez mil duros. Venga la mitad, y basta. Clara» Ves á casa del banquero :
yo no doy lo que me falta. AnseU ¿Qué dices? Clara» Que mi bolsillo
está dando las boqueadas. Ansel. ¡Diel mil duros en dos meses! Clara» Dos meses es fecha larga. Ansel» Pero muger, diez mil duros
¿cómo en dos meses se gastan? Clara. ¿No alabas mi economía? Ansel. ¡Jesús! ¡Jesús! Clara, ¡Qué! ¿Te pasmas?
Pues yo nada hago supérfluo: lo necesario me basta. Ansel» ¿ Qué nombre das á esos muebles ? ¿ esos espejos y arañas son cosas útiles? Dilo. Clara. Y aun mas, pues son necesarias. Destiérralas : vé á vivir en estrecha y pobre casa, y veremos quién se acuerda de que existes en España. La opulencia en estos tiempos es quien el mérito alcanza. Mi madre siempre me dice : Deslumhra al vulgo; que cuantas gentes la casa frecuenten sepan que eres millonaria, pues del pobre todos huyen, y el rico todo lo alcanza. Conviene aparentar lujo. Un poco, ¡que un poco hasta! Un mucho es cosa supérllua ;
poro un poco, necesaria*
Ansel* No hay duda, de esas razones algunas son muy sensatas; ¿ roas esos grandes banquetes no son supérfluos?
Clara, No hay nada
mas útil. En este punto* amiguito de mi alma, vives un siglo atrasado. Recibir gente me cansa : es molestia,* pero, amigo, es molestia necesaria.
AnseU Da convites; mas ¿á qué tantos criados? ¿qué falta nos hace ademas el coche?
Clara» A mí, ninguna: la causa de haberlo puesto eres tú. ¿Para alcanzar una plaza no tendrás que hacer visitas? Si vas á pie le degradas; y en coche-simon, ¡Jesús! todos de tí se burlaran. Y ¿ qué harías por la noche si se me proporcionaba ir á alguna diversión? Dime, ¿quién me acompaBara? ¡Bien! Yo iría sola, sola; pero iría disgustada. Al contrario, ¡qué placer ir á tu lado sentada y en dulce conversación ! ¡O cuan rápidos volaran los instantes! Lo confieso, sin tí la dicha me falta: solo"anheIo verte, hablarte, y ¡ó flaqueza! es de mi alma la necesidad primera este afán que á tí te cansa.
Ansel. Basta, basta; me avergüenzo: ¡y era yo quien te acusaba...!
Clara» Ahora quiero darte cuenta de tu dinero. Te agrada
la lectura. En el paraje mas silencioso de casa te he puesto la librería. Es verdad , sale algo cara , mas en ella encontrarás los libros que mas te encantan. Por una escalera oculta desde alli al jardin se baja: el duque me lo ha cedido. Si he comprado joyas , galas, ha sido por complacerte. Los colores que te agradan son los misni-os que he elegido j tan solo con las alhajas que mas á tus ojos brillan me verás engalanada ; y por parecerte hermosa nada me es costoso, nada. Estas son mis faltas, estas. Ahora, si quieres, regaña... Mas no; cedes, te arrepientes, y estoy leyendo en tu cara que vas á pedir perdón... ¡Ah! si amase la venganza... Pero te perdono , pues valgo mas que tú. Anscl. Sí , Clara ;
vales mas que yo mil veces. Tu mucha bondad me pasma.
ESCENA Vi;
DICHOS. DOMA ELVIRA.
Elv* Abrazadla ; muy bien hecho;
mas no con tanta cachaza.
Daos prisa, yerno mió,
pues vengo para llevarla
conmigo. Ansel. ¿ Cómo ? Clara. Mamá,
podria esperarse...
[18]
Ele. Nada.
Es visita muy precisa.
Ademas que la mañana
convida á ir... Ansel. ¿Dónde? Elv. AI Prado;
al templo de la elegancia.
Allí lucen las hermosas,
al Ji campean las gracias,
y alli á muchos vuestra esposa
hace con una mirada
de vuestra dicha envidiosos.
Es como un triunfo su marcha.
Todos la siguen, la admiran,
todos la aplauden y alaban. Clara. Puedes venir con nosotros. Elv. ¿Has olvidado ya, Clara,
que tiene que ver... Ansel. ¿A quie'n? Elv. A don Jacinto. Ansel. Mañana
le veré, que aguarde. Clara. No.
La visita es necesaria.
¿ Y el banquero? {Bajo.) Ansel. ¡Ah! sí, es verdad.
Ya de Simón me olvidaba. Elv. Primero es la obligación. Ansel. Pero... Elv. A Dios. Ansel. Una palabra.' Elv. A Dios; ya estará ella aqui
cuando vos volváis á casa. {Vanse las dos.)
ESCENA VII.
ANSELMO.
Cuando estábamos hablando
de mi lado la separa
de este modo, y... Ello es cierto
[19]
que yo cometí mil faltas... Pero es muy grande la suma. Con ella casi comprara dos casas... Mas sin embargo me da razones tan claras, tan convincentes... Yo debo hacer de modo que nada sepa Simón de este lance. Corramos , pues , sin tardanza... ¡Qué bueno es el tener coche! Ahora lo veo... ¡mas calla!
( Mirando por la ventana.) si se va en él mi muger... ¡Paciencia! A mí no me cansa el ir á pie... Vamos, pues, y procuremos con ansia despachar para volver cuanto antes á ver á Clara. ¡Qué buena esposa! no hay otra mas digna de ser amada.
TIN DEL ACTO PRIMERO.
ACTO SEGUNDO.
ESCENA PRIMERA.
DON ANSELMO. DONA ELVIRA.
Elo. ¡ xfué ma^ humor que traéis!
AnseU Señora, estoy sofocado. Voy á casa del banquero y dicen que está en el campo.
Mío- Como que es dia de fiesta.
AnseU Luego me lleváis al Prado. Os sigo por ver un sitio que me ponderabais tanto. Entro y veo... ¡qué delirio! yo no sé cómo espl icario: habiendo para el paseo mas que. suficiente espacio, en. solo una calle está todo Madrid apiñado. ¡Qué tropel! Uno se ahoga, y si sale es por milagro. Veo á mi muger, y quiero acercarme: ¡intento vano! no puedo pasar; y fuera, según creo, necesario para llegar hasta ella despejar á cañonazos la multitud numerosa que alli la estaba obsequiando. ¿Qué hago pues? Saco el pañuelo, hago una seña, dos, cuatro. ¡Qué! nada... sino merece un marido en estos casos ni una mirada siquiera. Siempre en el aire llevado,
[2Í]
siempre acercándome mas,
y siempre mas empujado,
casi insultado me escurro,
sudando á mares me salvo ;
¿y qué he hecho? Ver á mi esposa
en perspectiva. - JElv. Yo eslraíio
que os quejéis; no á pasear,
sino á lucir se va al Prado. Anseh Decid, ¿quién es aquel joven
que estaba siempre colgado
del oido de mi esposa?
¡Qué alegre estaha! ¡qué ufano! jE7í>. Es nuestro vecino, el duque
del Mar: es el cortesano
mas elegante, mas fino.
¡Qué. tono! ¡qué aire! ¡qué garho!
¡qué grandeza brilla en todas
sus maneras.t.!
¿Desde cuándo
conoce á mi esposa?
Habrá
asi , cosa de dos años. Anseh ¿Con que lu veía en Cádiz.? Mlv. Y mucho. Anseh ¡Bueno! Elv> Alegraos:
es sobrino de! ministro:
ha prometido ampararnos,
y con su favor, mañana
os veréis bien colocado. Anseh Sí, pero... Elv* > ¿Qué pero? Clara
y yo le hemos cautivado;
á mí particularmente
suele distinguirme tanto,
que no falta quien murmure.
Aun suele subir un ralo
por las noches cuando ve
que estoy sola. Anseh ¿Sola ? Eli>, Tanto
L22-]
como sola, no: Clarita estaba conmigo. Aniel* ¡Bravo!
Pues yo os digo que no quiero» ni me acomoda su trato*
Y diré á Clara... Elt>. Decidle
cuanto gustéis: hoy os hallo
impertinente. No sois
marido, sino tirano» Ansel, Pero... Elv. Me marcho, pues veo,
yerno, que estáis delirando. (Vase.)
ESCENA II.
SON ANSELMO.
Vaya con Dios. Este duque... ¡Y qué! perderá sus pasos. ¿Qué temor puede inspirarme? Ninguno... Mas sin embargo, yo no sé por qué... Alguien viene. Es Simón... ¡ó Dios! ¡qué chasco!
Y aun no tengo el dinero.
ESCENA III.
DON ANSELMO. DON SIMÓN.
Simón, Ya es tarde: las tres y cuarto,
y estoy con un apetito... Ansel» Disimula, pues he estado
fuera. Simón. Tú , amigo, no tienes
un momento de descanso:
sales, andas, te diviertes...
Con que dime, ¿le ha entregado
tu esposa ya aquel dinero? Ansel, (Va á enojarse si le achaco
la culpa á Clara.) Simón. ¿Que dices?
[23]
¿dónde está el dinero? Vamos, despacha. AnseU Yo te diré. Simón. Nada me digas. Ansel. El caso
es que... Simón, El dinero. AnseU Mi esposa... Simón» Llámala. Ansel. Tengo reparo... Simón. Libra una letra contra ella
á mi favor. AnseU Ha pagado
estos dias cierta suma
considerable... Y al cabo,
¿te inspira tanto interés
ese joven ? Simón. Sí.
Ansel. ¡Un estraño! Simón. Tú le conoces. Ansel. ¿ Quién ? ¿ yo ? Simón. Y mucho, sí. AnseU Sin embargo,
me has ocultado su nombre. Simón. Me prohibió revelarlo
á su padre. AnseU ¡Oh Dios! ¿sería... Simón. Tu hijo. AnseU ¡Mi hijo! Es muy raro
que no se dirija á mí. Simón. Siempre ha sido necesario
entre los dos un tercero. AnseU ¡Si es un loco! Sirnon. Abandonado
de tí, ¿qué quieres? AnseU ¡Qué apuro!
Yo... sí... pero... ¡viaje infausto!
¡Ah! ¡mi rouger, mi muger...! Simón. ¿Qué? AnseU Nada, nada: me callo.
Simón, querido Simón.
(Después de una breve pausa.)
[24]
Simón. ¡Ay! ese es tu exordio cuando
me pretendes arrastrar
á dar algún paso en falso. Ansel. Tú tienes fondos , y puedes
servirme. Simón, ¡ Un depositario
prestar! Ansel, Yo salgo garante. Simón, No. Ansel, Te será reintegrado
mañana mismo el dinero. Simón, No , no.
Ansel, Salva á mi hijo, vamos. Simón, Qné pesado. Ansel. Te lo ruego. Simón. Bueno, lo haré; pero al caho
harás hoy que coma mal.
A Dios. Ansel, ¡Ah! ¿No me has hablado
del duque del Mar? Simón, Sí. Ansel. Dices
que es... Simón. Un mozo muy gallardo:
gran tirador de llórete,
y terror de los casados. Ansel. ¡De los casados! Simón. Tan diestro ,
que no hay mugeril recato
que se resista á sus trazas.
¿ Qué tienes ? Ansel. Nada. Simón. En llegando
á gustarle una muger,
siempre se le ve á su lado.
En los paseos... Ansel. ¡ Ah ! Sí.
Simón. En los bailes, en teatros... Ansel. Pero están al li también
los maridos. Simón. No hace" caso
de ellos, y si le conviene
[25]
también suele colocarlos. Ansel. ¿ Qué dices ? Simón. Yo le aconsejo
que en tu casa ni piulado
le recibas. Ansel. Por supuesto. Sale un criado. El duque del Mar. Ansel. ¡Qué diablos! Simón. ¡Hola! ¿Con que te visita ? Ansel. No; si viene es un acaso. Simón. Pues, al subir la escalera
habrá equivocado el cuarlo.
ESCENA IV.
DICHOS. EX DUQUE.
Duque. Señor don Simón, celebro el veros. Anoche hablando de vos, decia el ministro con la sonrisa en los labios: Esle don Simón Rodríguez nadie le iguala: ¡qué exacto en sus cálculos! ¡qué diestro, qué consumado en el ramo! Brujo es necesario ser para encontrarle en desfalco.
Simón. Mucho me honra su escelencia. No soy lerdo ; pero al cabo de cuarenta años, ¡qué mucho! Con vuestro permiso, parto.
Duque. ¿A. mirar si vuestros fondos están bien ó mal contados? ¡Oh! sin su cuenta y razón jamas sale ni un ochavo de vuestra caja.
Simón, Mil gracias.
¡Lindo cumplido y al caso!
(Bajo á Anselmo.) Señores...
Ansel. Hasla la noche:
procura venir temprano.
[26] ESCENA V.
DON ANSELMO. EL DUQUE.
AnseU ¿Buscareis á doña Elvira? Duque* ¿Y su nieta? AnseU Aqui la espero. Duque» Yo también la esperaré.
(¿Quién será este caballero?) AnseU (Pues alabo la franqueza:
se queda.) Duque, Ahora que me acuerdo,
estará con la condesa. AnseU Bien puede. (Esto sí que es bueno:
sabe dónde va, y yo no.) Duque» ¿El señor es forastero? AnseU Sí señor; llegué ayer noche. Duque» Y sin duda amigo ó deudo
de doña Clara. AnseU Algo mas. (Sonriéndose.) Duque»Ya caigo... ¡cuánto me alegro!
Ese aspecto venerable
me anuncia... sí... Caballero,
vuestra hija doña Clara
es de beldad un portento. AnseU ¡Mi hija! ¿Cómo? Duque» ¡Feliz padre!
Enternecido me siento.
ESCENA VI.
DICHOS. DONA CLARA.
Clara. ¿ Con mi esposo el señor duque ?
Duque» ( ¡ Su esposo ! ) ¡Cuánto me alegro conoceros ! no ha tres horas que. hablé de vos con empeño á mi lio: le encomié vuestras prendas y talentos...
AnseU ¿ Cómo , señor ?
DiKfuc» Esto fue
[27]
haceros justicia ; y debo confesar que si se dieran solo al mérito los puestos, vos fuerais mi prolector, y yo el protegido vuestro.
Clara. ¡Siempre fino, siempre amable!
Duque. Soy justo.
Ansel. Señor, aprecio
tanto favor; mas es fuerza no ocultar nada: ya tengo sesenta años: esta edad tal vez...
Duque. Para los empleos
es la que quiere mi lio. Pero de otra cosa hablemos. Esta noche da mi madre un baile ; palabra tengo " de esta señora que irá á embellecerle: me acuerdo que os esperaba, y por vos se ha comprometido: espero que nos honréis: á mi lio os presentaré: el momento será favorable, y puede...
Ansel. La atención os agradezco, pero estoy cansado.
Clara. Alli
descansarás.
Duque. Pues.
Ansel. Y luego,
que también espero gentes.
Clara. ¿A quién? ¿Al hombre sincero? ¿A tu amigo don Simón?
Ansel. El señor le aprecia.
Duque. Es cierto.
Clara. Pero convendrá conmigo
en que es un cuadro perfecto del siglo pasado.
Duque. ¡Bien !
Clara. Y para obsequiarle creo
que habrás también convidado... á algunos de tus abuelos.
[28]
Ansel. ¡Clara!
Clara. ¿Te enfadas? Ya callo.
Ha sido una chanza. Ansel. Pero... Clara. ¿Me vas á decir que soy
murmuradora por eso?
¿Lo soy? Juzgadlo vos. (Al duque.) Duque. ¿ Yo ? Ansel. Dejemos eso. Clara. No, quiero
que el duque sea nuestro juez. Ansel. (Ya contenerme no puedo.) Duque. Disimuladme, señora,
pero digo lo que siento.
Aprecio á don Simón, es
honrado, tiene talento
"y probidad : si le ofenden ,
saldré yo mismo el primero
en su defensa. Ansel. Bien dicho. Duque. Con todo, no desapruebo
un chiste inocente, cuando
se deja el honor ileso.
Malo es murmurar, mas no
lucir un festivo ingenio. Clara. Bien dicho. Ansel. ¡ Bien ! se acabó. Duque. Si gusta favorecernos
don Simón, puede... Ansel. No baila.
En fin, señor duque, os ruego
me disimuléis... Vos mismo
colocaos en mi puesto :
conocéis á don Simón ;
le apreciáis... faltar no puedo
á mi promesa... y quien tiene
un amigo verdadero,
siempre fiel le debe ser. Duque. Está bien, y no me atrevo
á insistir mas... Pero vos (A Clara.)
¿no haréis, señora, un esfuerzo
para ablandar su rigor?
[29]
Hablad, suplicad; espero
que al fin venceréis... Con esa
dulce esperanza me ausento;
y con ella, para ir
juntos los tres, vendré luego. (V-asc»)
ESCENA VII.
DON ANSELMO. DONA CLARA.
Clara. ¿Iréis al baile?
AnseU ¿Yo? no.
Clara. Vamos, que sí.
Ansel. No por cierto.
Clara. Sí tal.
Ansel. Te digo que no.
Clara. ¿ Por qué razón ?
Ansel. Que no puedo.
Clara. Pero...
Ansel. Escucha : con franqueza
yo te quiero abrir mi pecho. Desde que llegué, reparo que otros cuidados mas serios y amigos mas venturosos te ocupan solo: el desprecio con que tratas á Rodríguez me llena de sentimiento. Te burlas de. un hombre honrado digno de todo mi aprecio. Honrado, sí, y mas honrado que otros que presumen serlo, sin tener su corazón ni sus nobles sentimientos. El es solo el atacado, pero los dos padecemos , pues toda burla pesada en presencia de tercero contra su edad dirigida, ofende á los dos á un tiempo, pues también en mí recae, que soy igualmente viejo. Clara. Pero el duque ya os lo ha dicho :
[30]
esto es chanza, y no desprecio.
AnseU ¡El duque...! El duque me enfada. Para mí todos son buenos; mas el duque... él solo tiene de ofenderme el privilegio. ¿Piensa acaso que me engaña? Aquel oficioso celo, aquel tono servicial, aquel aire lisonjero con que finge corregirte, me desagradan. No es bueno, por mil razones, que ese hombre sea tu sombra. El recelo está muy lejos de mí; pero con tales sugetos la opinión de una muger corre siempre mucbo riesgo. Basta una sola mirada, hasta la chanza de un necio para empañarla : su brillo se disipa como el viento; y treinta años de virtudes cuando el daño está ya hecho, no bastan á reparar lo que destruye un momento.
Clara, Para un libro de moral ese trozo es estupendo. Mas lo que interesa ahora es el baile: con que ¿iremos?
AnseU Solo frecuento las casas
de gentes á quienes puedo recibir.
Clara. El señor duque
ya viene á favorecernos.
AnseU Es mucho honor; mas sin él viviré muy satisfecho. Reciba en su casa duques, condes y duquesas, ¡bueno! Es duque , y yo no lo soy. Estoy fuera de mi centro cuando veo en torno mió á tan grandes caballeros,
[31]
y mi lengua apenas puede articular un acento si en vez de decir usted decir escelencia debo.
Clara» Considera que este baile
no es solo un divertimiento: si has de medrar, amiguilo, es fuerza vencer tu genio. ¡Pero tú! ¡qué! ya de verle colocado desespero.
Ansel. Pues no me colocaré;
¿qué me importa? Estoy contenió con mi suerte: soy bastante rico; soy libre, y no quiero vender esla libertad por un miserable sueldo.
Clara» Pues bien, ven al baile, como vas al teatro, por verlo. ¿Lo harás por mí...? Vaya... sí. Verás mil objetos nuevos para tí... ¡Qué brillantez! ¡qué ricos trages! ¡qué bellos diamantes...! ¡Y es esta noche! Iré... sí... los dos iremos. Sí, señor; y si no voy de pesadumbre me muero.
Anscl* No te morirás, querida; y verás al mismo tiempo cómo también con Rodríguez aunque no baile, tenemos una noche divertida, sin ruido ni cumplimientos. Verás con cuánto apetito cenamos, y cómo luego viviremos todavía.
Clara, ¡Vaya! Tú has formado empeño en desesperarme. Quieres castigarme de haber hecho burla de don Simón... Juro que nunca ha sido mi intento injuriarle... Don Simón me gusta, le amo; prometo
[32]
obsequiarle; mas hoy no:
mañana..» estamos de acuerdo,
¿no es verdad ? se concluyó:
mi dulce esposo, mi genio
tutelar, mi buen amigo,
tan complaciente, tan bueno,
hazme este favor: sí, vamos:
cede, cede. Anscl. No, no puedo. (Con fuerza.) Clara, ¡Cuan infeliz soy, Dios mío!
¡ Cuan infeliz ! Ansel, ¡Llora! ¡ah cielos! (Enternecido.) Clara, Esto es un acto arbitrario, (Fuera de sí.)
una tiranía, y debo
librarme de ella: ¿me mandas
quedarme? pues yo no quiero.
Iré al baile, y quedarás
solo con el estafermo
de don Simón : es un hombre
insufrible, le detesto;
y por no verle, me voy
ahora mismo. Ansel. i Cómo es eso? Clara, Mi madre está convidada
también, y con ella puedo
ir á todas partes. Ansel, Cuando
yo no gusto... Clara, Los derechos
son iguales entre, esposos.
Sí, señor mió, sabedlo;
y ya que lo prohibís
iré al baile á pesar vuestro. Ansel» ¿Vos iréis á pesar mió,
decís? ¡Cuidado con ello!
Mire usted que lo prohibo. Clara. ¡Lindo! Ansel, Veremos. Clara, Veremos. Ansel, Señora , miradlo bien :
considerad que el decreto
es irrevocable.
[53]
Clara. ¡Bien!
Ansel. Aunque me vengáis con ruegos».
Clara. En eso pienso.
Ansel. Aunque os vea
á mis pies, y con lamentos
y lágrimas me pidáis
perdón , señora , no cedo. Clara. ¡O Dios mió! ¡Qué marido! Ansel. ¡Jesús! ¡Qué maldiLo genio!
Para evitar su furor
me encerraré en mi aposento. Clara. Id : yo también en el mió
voy á evitar el aspecto
de un tirano. A Dios. (Vase.)
Ansel. A Dios.
¡Cuidado con mi precepto!
¡Qué. entrevista! y eso que ha
dos meses que no nos vemos.
TIN DEL ACTO SEGUNDO.
ACTO TEIiCERO.
ESCENA PRIMERA.
dona CLARA , vestida de baile*
v,
olved, y eso le decid.
(A un criado, que se va.) Hablar conmigo desea y un embajador me manda. Venga, venga; estoy dispuesta: tal vez me juzga rendida, tal vez lágrimas espera; mas se lleva cbasco, y me baila en estado de defensa.
ESCENA II.
DON ANSELMO. DOÑA CLARA.
Ansel. ( ¡ Qué hermosa está ! ) ¿ Según veo
me faltáis á la obediencia? Clara. Vos os quedáis, yo me marcho:
cada uno sigue su tema. Ansel. ¿No sentís remordimientos? Clara. ¿Quién, yo? ¡la pregunta es buena! Ansel. ¿Aun dura el enojo? Clara. ¿Enojo?
decid el odio. Ansel. Ya llevas
muy lejos... Clara. Sí ; por vos siento...
(No pensaba que viniera
tan blando.) Ansel. He reflexionado:
en tu edad esa viveza
[35]
es perdonable; en la mia la razón ha de ser dueña, y la razón es culpable cuando el furor la enagena. No justo, sí vengativo, acaso fui\.. con tu ausencia me pretendo castigar. Ves al baile, y las reyertas se acaben: ¿lo quieres? Clara. Pero... AnseU Sí, vé sola con tu abuela.
¿Habréis murmurado mucho de mí? Clara. Un poco. AnseU Todo queda
ya olvidado. Oye: si tanto me enojé, mi escusa es esta. Simón es original , es cierto, nadie lo niega; mas cuando tú con un tono, que yo no creo merezca , sobre ligeras faltillas le estabas haciendo guerra, en aquel momento ruismo su amistad pura y sincera le esponia por servirme. Clara. ¿Pues cómo? Anscl. Es cosa secreta. Clara. ¿Secreta? ¡Ah! di... olvido todo. AnseU Mi hijo ha errado sus cuentas. Yo debí haberlo previsto; mas tan solo á mi terneza entregado, abandoné por tí su edad inesperta. Merced á tus gastos locos, yo sin caudales, ¿qué hubiera podido hacer si Simón, Simón, esa alma tan bella, no me prestara... tal vez sobre el fondo que conserva en depósito... Simón, de tan rígida conciencia,
[36]
sus escrúpulos venció con una heroica entereza. El ha salvado á mi hijo: ¿es tan ridículo? ¿hicieran lo mismo tantos pegotes como aquesta casa asedian? Clara. ¡Ah! no, y mas que sus discursos este rasgo me interesa. Tamhien yo en favor de un hombre tan digno de nuestra eterna gratitud, un sacrificio haré. Sí; este baile que era hace ya mas de ocho dias mi anhelo, mi única idea, y en que de noche soñaba, no iré ya á él , ni á la fuerza. Queda resuello: tu amigo merece la preferencia.
Anscl. ¿Tendrás valor?
Clara. Lo tendré.
Anscl. ¿ De veras?
Clara. Y muy de veras.
Renuncio ya á mis proyectos; y estas galas solo quedan, para agradar á Rodríguez»
Anscl. ¡ Ah! ¿Clara mia!
Clara. Antes era
muy linda á tus ojos, pero ahora estoy mas hechicera; ¿ no es verdad ?
Ansel. Cien veces mas.
Clara. ¿ Me quieres?
Ansel. Te adoro , prenda.
Clara. Siempre te obedeceré.
Anscl. No le causaré mas penas.
Clara. Se acabaron ya las riñas»
Anscl. Esta paz va á ser eterna.
Clara. ¡ A m igo !
Ansel. ¡Clara adorada!
Clara. Ello sí, tú la defensa
de don Simón has lomado con razón; pero confiesa
[37]
que has sido injusto también con el duque. Ansel. No lo creas. Clara. Sí, lo has sido. Ansel. A los veinte años
se juzga con ligereza. Clara. Y con sobrado rigor
en llegando á los sesenta» Ansel. Tú te puedes engañar. Clara. Y puede que razón tenga. Ansel. No lo creo. Clara. Estoy segura. Ansel. No. Clara. Sí. Ansel. Que no. Clara. De manera». Ansel. ¿Volvemos á la dispula? Clara. Por querer al uno ¿ es fuerza que asi aborrezcas al otro cuando en servirnos se empeña ? Ansel. Es que aquel tiene mi edad
y el otro... Clara. No te detengas;
acaba. Ansel. Tiene la luya.
Perdona, Clara; si llega
á amar un anciano, siempre
su pasión es loca y ciega ;
y si se ama con temor ,
amar con esceso es fuerza.
Del triunfo en su edad el joven
lleva la esperanza cierta;
mas un anciano que dueño
se mira de una belleza ,
avaro de su tesoro
de cuantos le ven recela.
Yo me conozco á mí mismo :
sin que de tí zelos tenga ,
quien te merece tan solo
la mirada mas pequeña,
me parece un enemigo
que me arrebata la hacienda.
[38]
Yo mí situación maldigo:
sea delirio ó flaqueza,
veo que el duque te agrada ,
conozco que te interesa.
Mi corazón sufre mucho,
mucho, sí ; y tan solo anhela
por único bien, pues ves
los males que le atormentan,
que al menos, no ya tu amor,
tu amistad me compadezca.
Clara» Tanta modestia te agravia; con razón me quejo de ella. ¿Dónde están esos rivales? Su afanar ¿qué consiguiera? Hazte justicia , y verás cómo tus temores cesan. Si á alguno escucho, es tan solo al que de tí se hace lenguas , pues solo el oir tu elogio de satisfacción me llena. Pero ¿con qué fin cerramos las puertas á las grandezas? Tus talentos y virtudes quiero que aquel lustre tengan tan merecido, y conozcas que el darte la preferencia mi corazón , no es tan solo porque el deber me lo ordena.
Anseh Con tal de que no te valgas
del duque, haré lo que quieras.
Clara. Pues vé al punto á visitar, ó llévale una targeta, á aquel oficial mayor que por tí ya se interesa.
Ansel. ¿Tú lo quieres?
Clara, No lo quiero. Te lo ruego.
Anseh Enhorabuena :
voy corriendo. Mas Simón, á quien aguardo... Quisiera... No sé como tarda tanto... Si llega...
[39 ]
Clara. No te dé pena :
vé, yo le recibiré ;
le entretendré de manera
que no se fastidie. Ansel. Voy ;
y al punto estaré de vuelta.
ESCENA III.
DOÑA clara.
Hecho está ya el sacrificio.
¿Y por ventura me pesa ?
¡Oh! no; ¡mi Anselmo es tan bueno!
Eso sí, la función era
muy lisonjera á mis ojos.
El duque á nadie eligiera
para bailar sino á mí;
y al ver esta preferencia
jcómo rabiaran las damas
de palacio...! ¡Oh Dios! ¡qué bella
satisfacción! ¡ qué victoria !
Es lástima que no pueda
concurrir ; mas olvidemos
imagen tan lisonjera.
Complacer á dos amigos
es lo que mas me interesa. Sale un criado. El señor duque pregunta
si puede entrar. Clara. ¡Su escelencia!
Dile que sí. (Vasa el criado.) ¡Santos ciclos,
en qué mala ocasión llega !
ESCENA IV.
DONA CLARA. EL DUQUE.
Duque. Vuelvo, seííora, traido
en alas de mi impaciencia, que á quien en la incertidumbre vive, todo se le presenta indiferente á sus ojos.
[40]
Lleno de una sola idea á que el alma se abandona, se olvida hasta la existencia, y anhelando un solo objeto, nada hay sin él que divierta. Pero ¡qué hernioso tocado! ¡qué trage! ¡qué gentileza! Todo mi dicha asegura; todo, todo me embelesa.
Clara. Pues no, no contéis conmigo.
Duque. ¡ Cómo ! ¿No venís?
Clara. Es fuerza quedarme.
Duque. ¿No cumpliréis,
señora, vuestra promesa?
Clara. Lo siento ; mas lo dispone mi esposo de otra manera.
Duque. ¿ Y me hacéis con ese tono un desaire que me llena de aflicción ? ¡ Ah ! para vos la pérdida es muy ligera. Nuevos triunfos , es verdad, en este baile os esperan; mas ¿qué os importa? avezada á conseguirlos do quiera, á la gloria de brillar mostráis solo indiferencia. No asi quien ufano ya con veros honrar su fiesta, lodo lo pierde , perdiendo el mejor adorno de ella.
Clara. Favor que me hacéis ; mas poco se perderá con mi ausencia.
Duque. Cuánto os engañáis, señora; desechad esa modestia, que aunque virtud, es á veces mas culpable que se piensa. ¿Quién la pérdida repara que nos causa vuestra ausencia ? ¿ No sabéis que un solo objeto causa es de gozo ó tristeza, Que con él todo es encantos,
[41]
sin el no hay dicha perfecta? Otras muchas, me diréis, allí sus gracias ostentan. ¿Quién sabe si son hermosas? ¿Quién tiene ojos para verlas? Una hay que sola tras sí toda la atención se lleva, una sola ven los ojos ; y al punto que ella se ausenta, todo se ausenta, y la sala cual un desierto se queda.
Clara% Si yo creeros pudiese
me valiera la advertencia, y no dudéis del placer que en daros gusto tuviera.
Duque. Venid.
Clara. No insistáis.
Duque. Vendréis.
ESCENA V.
DICHOS. DOÑA ELVIRA.
Duque. Señora, vuestra influencia
es muy necesaria : unid
á mis súplicas las vuestras
para que el baile Clarita
se digne honrar. JSlv. Ya dispuesta
está. Clara. Madre, no, me quedo;
asi mi esposo lo ordena. JElü* ¿Qué dices? Y habré yo puesto
en adornar tu belleza
todos mis cinco sentidos
¿para qué? ¿para que venga
á admirarla don Simón?
En el baile se dijera:
¿Quién es esa hermosa joven
cuyo atractivo se lleva
las atenciones de todos?
Y yo diria: Es mi nieta:
[42]
y todos me alabarían , y tan hueca me pusiera. Duque. ^o es eso solo, sino
que os espera la duquesa. Elv. ¿ Aquella á quien habéis ya
hablado de mí, y que muesti'a tanta ansia por conocerme? Duque. La misma: estuve con ella murmurando ayer de vos. Le alabé sobremanera vuestra gracia en el hablar, esa elección y afluencia de palabras, y el hechizo que al decirlas embelesa. Elv» Vedme ya comprometida.
¡Oh Dios mió! ¡Una duquesa! ¡Una duquesa, hija mia! Clara. Ya. Elv. Sería una grosera
si faltase. Duque. Pues, y el duque
su esposo, que á duelo os reta al tresillo, es un lamoso jugador: siempre la mesa en que él se sienta, veréis cómo al punto la rodean los aficionados. Elv. Creo
que vos me haréis la fineza de pensar que la victoria hay quien disputarle pueda. Duque. ¡Oh! por supuesto. Elv. Ahora tú
juzga y decide. Si fueras al baile , yo solo iría por tí... cual muger discreta ; si tu marido se obstina... Clara. No: me daba ya licencia
para ir con vos. Duque. Pues entonces
¿por qué... Elv. ¿Qué hay que te delenga
[43]
si él te lo permite...?
Clara. Es que...
Duguc. ¡Noche agradable y amena! No bien entréis en la sala un dulce murmullo suena. Todos en torno de vos " se agolpan, todos anhelan la dicha tan envidiable de teneros por pareja. La música anima el baile, do quier la alegría suena , y no hay boca que no alabe vuestra gracia y ligereza. Alli veréis cuál compiten en galas nuestras bellezas, y vuestro ingenio hallará para lucirse materia. Vuestros chistes aplaudidos correrán de lengua en lengua; y al repetirlos dirán que contra las almas nuestras vuestra gracia es poderosa aun mas que vuestra belleza.
Clara. En divertirme pensaba, mas no imaginé siquiera verme tan agasajada.
Duque. ¡Oh! también en recompensa las mugeres contra vos se pondrán como unas fieras. ¡Cuánta envidia causareis!
Clara. ¿ De veras ?
Duque. Es cosa cierta.
No sin ira os cederán victoria tan lisonjera; mas tener muchos contrarios es de gran mérito prueba. Venid , pues.
Clara. ¿Si yo avisar
pudiera á Anselmo?
Duque. ¡ Qué idea tan í'eliz!
Eh>. Mira, aqui puedes
C443
escribirle cuatro letras. (Hace sentar á Clara en una mesat y le arregla la
cabeza mientras escribe.) Elv. Píntale nuestra inquietud;
y di que solo te ausentas
por un instante. Clara. Está bien.
No tendrá tiempo siquiera
para impacientarse, pues
será muy corta la ausencia.
¡ Valentin ! Elv. ¡Valentin!
ESCENA VI.
DICHOS. VAlESTIBi
Val. Voy. Elv. Valentin. Val. Ya voy. Elv. Apriesa.
Darás esta esquela. Val. ¿ A quién ? Elv. A tu amo. Val. ¿A mi amo? ¿Y las señas? Elv. ¿Qué señas, bruto? Val. Bien digo.
¿Dónde ahora se le encuentra? Elv. Aqni, cuando vuelva. Val. Bueno.
Y ¿qué le diré? Elv. ¡Qué pelma!
Nada. Clara. Toma. Estoy turbada. Duque. Mi coche espera á la puerta. Clara. Vamonos pronto, ó me quedo. Elv. Sí, vamos.
ESCENA VII.
VALENTÍN.
¡Pues se la llevan!
[45]
Y el amo solo conmigo tendrá que hacer cuarentena; mas puede tomarlo á mal. ¡Cuidado con la tormenta! Ya están abajo... el chasquido del látigo... va de veras. Ya se fueron... ¡Una carta para su marido! ¡es huena! ¿Qué papel hace aquí mi amo? Yo pierdo el juicio. En su ausencia, cuando estaba en Cádiz, ¡vaya! Mas tener correspondencia viviendo en la misma casa, comiendo en la misma mesa, cuando á todas horas pueden... el demonio que lo entienda. Al menos estos recados no me quebrarán las piernas.
ESCENA VIII.
DON ANSELMO. VALENTÍN.
AnseU Hola, Valentin, amigo,
mira si sudo de veras. (Limpiándose el sudor , se sienta.) Val, Os fatigáis demasiado. AnseU Cuando estaba allá ¿ te acuerdas
que al volver de mi paseo
me hallabas veces diversas
metido solo en mi cuarto
muy triste? ¿por qué? porque era
soltero entonces... Mas hoy
tengo muger... vayan fuera
todo pesar v fastidio. Val. Por cierto que me da pena. Ansel. ¿Crees aun en tus presagios?
¡Pobre loco! Aleja, aleja
tan necios temores. Voy (Se levanta*)
á buscar á Clara, y ella
sabrá alegrarme. A su lado
¡qué felicidad me espera!
[46]
Val. Señor.
Anseh ¿ Qué es eso ?
Val. Una carta.
AnseU ¿Y te estás sin darla? Venga.
Val. Es de la señora.
AnseU ¿Cómo? {Después de leer.)
¿Qué veo? ¡Oh Dios! ¡y me deja!
Vete... oye... ¿Con que salió? Val. Sí señor. Ansel. ¿También la abuela? Val. Sí señor. Anseh ¿El señor duque? Val. Sí señor. Anseh ¡Ah! ¡la sorpresa,
el enojo..»! ¿y es verdad?
Nunca , nunca lo creyera.
Dejarme solo... ¿será
(Se deja caer en una silla.)
posible que verdad sea ? Vah Yo bien os lo habia dicho
que un dia... Anseh Vete. ¡Qué bestia!
¡Apenas la dejo sola,
y con el duque se ausenta,
con el duque, cuyo solo
nombre me irrita y altera!
Ella que ahora mismo... ¡Oh Dios!
¡Cuánta falsedad! Pudiera
decirme... ¿Quién la obligaba
á fingir? ¡Tal recompensa
da á mi bondad...! ¡Y su madre!
¡Vive Dios que si una vieja
ama los placeres, todo
su loca pasión lo arriesga!
¡Yo debo, yo debo dar
castigo á tal ligereza!
Mi honor lo exige... corramos :
¡ah! señor duque, ¡vuecencia
piensa burlarse de mí!
Yo os haré ver quien yo sea:
le veré, le diré... ¿y qué?
¿que estoy zeloso...? ¡oh vergüenza!
[47]
¿ Zelos yo? No, no son zelos los que asi mi pecho alteran. Mi muger es joven; debo, porque el decoro lo ordena , acompañarla. ¡Hola! Dame el sombrero. Val. ¿Qué, vais fuera? Atisel, ¿Qué te importa? Val» Es tan de noche. Ansel. Obedece. ¿Qué imprudencia
voy á cometer? A dar
escándalo. ¿A los sesenta
años iré tras mi esposa
á acecharla con incierta
planta? Cual fantasma errante
sumergida en la tristeza,
¿iré á turbar su alegría?
¡Pobre Clara! ¿Acaso en ella
es un crimen el ser joven
y alegre? Y porque yo sea
viejo ya ¿ habré de querer
que ella también envejezca?
Vamos, Anselmo, ten juicio:
sé hombre... ¿no está su abuela
con Clara...? ¿Qué he de temer?
Nada. Ya me quedo. Sepa
la ingrata, pues me abandona,
que sé pasarme s¡n ella. (Trae Valentín el sombrero , j se lo da.)
Los guantes... Simón vendrá, / y pues que solos nos dejan,
tanto mejor... estaremos
con mas libertad: su tierna
amistad disipará
los disgustos que me asedian.
¡Cuánto reiremos! Ya estoy...
¡Estoy zeloso! ¡Qué mengua!
Ya no resisto á este genio
infernal que me a tormén l a.
Ser ridículo es mi suerte;
mas huyamos la funesta
situación de estar dudando,
[48]
de temblar con mil sospechas,
y muriendo lentamente
sufrir tan horribles penas. Val. Vamos, ha perdido el seso. Ansel. Indaguemos con certeza
la verdad; vamos, mi coche. Val. Os aguarda ya á la puerta. Ansel. Corramos. ¡Cielos!
{Al salir se encuentra con don Simon^
ESCENA IX.
DON ANSELMO. DON SIMÓN.
Simón. Soy yo ,
soy yo, querido, no temas.
Pero qué, ¿vas á salir? Anscl. No, sino que... Simón. ¿Titubeas?
Habla. Ansel. Es que... mira... mi esposa
se fue al baile, y... Simón. Tú te quedas
por mí; lo agradezco mucho.
Es lisonjera esa prueba
de amistad. Ansel. Iba á buscarla. Simón. ¿Ibas? ¡Valiente simpleza!
Aquel que la acompañó
es regular que la vuelva. Ansel. Eso no. Simón. ¿Por qué? ¿tendrás
zelos sino estás con ella ? Ansel. Qué... no. Simón. ¿Qué mosca te pica?
¡Qué inquietud tienes! Tú tiemblas:
vas y vuelves : en verdad ,
Anselmo, según las señas
110 estás contento de verme. Anscl. ¡Oh Dios! ¿De mí tal sopecha?
¡Simón, yo soy muy feliz
y estoy alegre...! ¡mas llegas
[49]
tan tarde».! Ya ves; un baile es cosa grande... y quisiera... perdóname, es un antojo que tengo... una afición ciega á los bailes... ya rae entiendes. Simón. No por cierto. Ansel. Tantas bellas
como alli se ven, sus galas , el lujo que en todos reina... Es muy divertido, mucho. Con que... Simón. No , tú te chanceas. Ansel. No voy mas que por un rato. Simón. No irás, como yo no quiera;
no te suelto. {Lo agarra por un brazo.) Ansel. Ven conmigo. Simón. Dios me libre ; no lo creas. ¡Buena diversión tendría! A Dios, me quedo sin cena. En comiendo por la tarde como tú, puede cualquiera acostarse sin cenar; mas yo que á la una y medía... Ansel. ¿Haces ahora el elogio
del celibato ? Simón. ¡ Friolera !
Mas bello es el matrimonio. Corre, vé, no le detengas: vé á bailar... ¡Ah! ¿qué quería (Anselmo hace ademan de irse, y Simón le llama.) decirle? No se me acuerda. Oyes, quiero que en mi casa comas... ¿qué día? Ansel. El que quieras. Simón. No; es preciso señalar
el dia... ¿quieres que sea el martes? Ansel. Muv bien, el martes.
{Quiere, irse, y Simón le llama otra vez.) Simón. ¡ Ah! Ansel. ¿Qué? Simón. Mi ama prefiriera
4
[50]
la víspera ; digo el lunes. Ansel. Bueno. Simón. Lo mejor... espera.
¿Sabes las señas de casa? Ansel. Lo que sobra. ¿Tú te quedas?
A Dios. Simón. Anselmo. {Como antes.) Ansel. ¡Otra vez!
Habla. Simón. Gracias por la cena.
{Anselmo se va corriendo. Simón le sigue despacio alzando los hombros.)
FJN DEL ACTO TERCERO.
ACTO CUARTO.
ESCENA PRIMERA.
DONA CLARA. DONA ELVIRA.
EU.
Clara»
Elv.
Clara»
Elv. Clara,
Elv.
Clara,
No
EU.
o, Clara, tu proceder no puedo aprobar; ¡apenas dejarte ver en el baile y salir con tanta priesa ! Antes de llegar allí ya conocí mi imprudencia. La una acaba de dar: ¡cuando todos van te ausentas! Mi esposo salió: sin duda- fue á buscarme. Mi flaqueza es á sus ojos traición. Por vos... ¡Ab! ¡cuánto me pesa haberos seguido, cuánto!
¿Y ahora la culpa me echas? Cuando el duque se empeñaba
con tan lo afán en que fuera
con vos, era necesario
sostener con mas firmeza
mi resolución prudente.
¡Que ahora me reconvengas!
¡Lo que son estas muchachas!
Lo mismo hice cuando lo era.
¿Yo acusaros? perdonadme.
¡Estoy loca...! ¡Cuánta pena
le habrá causado á mi esposo
mi escesiva ligereza!
Veo, y amo lo que es bueno,
y obro mal: ¡qué inconsecuencia!
¡Bien! convengo en que cual madre
de familia, yo debiera...
[52]
¡Pero es tanto lo que te amo...!
Clara. ¿ Cuándo volverá ?
Elv. ¡Si apenas
habrá llegado! El que va temprano, al momenlo entra. Mas él metido en su coche pasando por diez hileras de carruages, gritará y reñirá, sin que pueda avanzar... Tal vez está aun en la calle.
Clara, \Qué pena!
¡Infeliz! Cada palabra
que escucho me desalienta.
Sí aquel caos para hallarnos
en atravesar se empeña,
y un obstáculo tras otro
en la muchedumbre encuentra...
Elv. Eso sí, se. muele uno;
pero es divertida y bella la función. Ninguna ha visto; puede ser que se divierta; y el placer que en ella goce hará, Clara, que te absuelva.
Clara. ¡Ojalá!
Elv. ¡Y el duque! ¡Cómo
te obsequiaba su escelencia! No te dejó ni un instante.
Clara. Es cortés sobremanera y amable.
Elv. Mucho sentí
que aquel portero viniera de orden de su escelencia á llamarle. Cuando vuelva ¿ qué va á decir?
Clara. Lo que guste.
Mas ¡ay cielos! si se encuentran
todo lo temo. El carácter
de mi esposo, su viveza,
su furor, que hasta lo sumo
suele llevar la violencia...
Elv. Tú pionoslicas desgracias
^ [53]
inverosímiles... Cesa
de atormentarme. Me voy.
Me he cansado de manera
que quiero acostarme. ¿Vienes?
Clara» No me acuesto sin que vea
á Anselmo; quiero aguardarle.
Elo, Vamos, nina, no seas necia.
Clara. Dejadme en paz, os suplico.
Elvm Quédate... mira, no temas: yo tengo parte en tu falta; que tu marido lo sepa, y échame toda la culpa. Déjale que gruña ; deja que diga mil pestes contra mi afición á las grandezas. Yo le oiré sin enfadarme, porque á mí nada me arredra. Mas por poco que te riña, ¡cuidado! seré una fiera, (/^tíse.)
ESCENA II.
DOÑA CLARA.
¡ Á qué frivola esperanza
mi incauto pecho se entrega!
Cuando se aguarda un placer
suele llegar una pena.
Este haile sin embargo
mil placeres me ofreciera.
Yo triunfaba... ¡El duque, cuántas
atenciones y finezas
me dispensaba! ¡qué gracia!
¡qué talento! ¡qué elocuencia!
No es dable ser insensible...
¿Qué. digo? ¡culpable, idea..,!
¿Culpable? ¿por qué...? No obstante
mi alma de susto se llena.
No pensemos mas en él.
Leamos: mi vista inquieta
esta página recorre...
pero no se fija en ella.
[54]
El cuadro de lo que he visto
me persigue; de la orquesta
aun creo oir el sonido...
Pero Anselmo... ¡oh Dios! Paciencia»
Aguardemos, aguardemos.
¡Ay! ¡qué noche tan eterna!
Oigo ruido... No me engaño...
Sí, es un coche... él es... ya llega»*
Ya sube... él es... es mi esposo.»
¡Oh ! ¡ el duque!
ESCENA III.
DONA CLARA. EL DUQUE.
Duque' Disimulad
al mas infeliz de cuantos
abandonasteis, señora:
vuelvo al baile, y ya no os hallo;
y cediendo á mi inquietud
perturbo vuestro descauso
en la soledad. Clara, Señor... Duque. ¿Pov qué ausentaros? ¿acaso
un repentino accidente... Clara. Ninguno: vuestro cuidado
os agradezco: estoy buena,
aunque fatigada un tanto;
(Saludándole en ademan de retirarse.)
nada mas. Duque. Ya estoy tranquilo...
Me retiro... sin embargo,
un importante secreto
pudiera comunicaros. Clara. Hablad. Duque. Una gran noticia
es, señora, la que traigo;
mas temo ser indiscreto;
y asi me vuelvo. Clara. Esperaos. Duque. Debí aguardar á mañana ;
pero temí retardaros
[55]
el placer.» Clara. En fin... Duque» Ha sido
menester no descuidarnos: habia mil pretendientes; mas por último triunfamos, y la plaza es nuestra ya. Clara. Mi esposo... Duque. Está ya nombrado. Clara. Ya la esperanza perdía.
¡Qué feliz soy! Duque. Muy ufano
mi tio con su elección esta noche me ha llamado para decírmelo. Ved, aqui tenéis el despacho. Clara. ¡Cómo apreciará mi esposo celo tan eslraordinario! Está en el baile. Duque. Es verdad ;
creí verle, di unos pasos para hablarle... pero como me habiais asegurado que no iría... Clara. Figuraos
su gozo... ¿Pues y mi abuela? quiero decirla... Duque. Esperaos. (Con viveza.)
Vais á privarme de un gusto que me habia reservado. Decídselo cuando pueda gozar de su dulce pasmo. Clara. Es natural : defendéis
vuestros derechos : no trato de oponerme: lomad pues. (Le devuelve el despacho , y él lo deja sobre la mesa.) ¿Mas cómo recompensaros podremos (anta bondad? ¡Mi pecho se halla agitado! Nuestra gratitud... Duque. La vuestra
me basta; no hay otro pago
[56]
para mí: grande es, y yo
poco digno de alcanzarlo.
Premiado ya con usura
de un servicio lan escaso,
ó en mis ojos el placer
se encuentra mal espresado,
ó podéis leer en ellos
cuánto me enagenan, cuánto,
palabras de gratitud
saliendo de vuestros labios.
Clara» El aprecio de mi esposo
aun os debe ser mas grato ; su amistad...
Duque» Tan solo habladme
de la vuestra: comparado
con tanto bien, no conozco'
otro mayor. ¡Si alcanzarlo
pudiera! ¡Qué dicha entonces
la mia! En tan dulce lazo
que un mutuo aprecio estrechara,
me olvidara de los vanos
placeres que sin contento
ando sin cesar buscando.
Alegre, ardiente, obsequioso,
y algunas veces... osado,
tuviera en vos una guia ,
un amigo íntimo, sabio,
roas sin rigor; indulgente,
aunque sincero y honrado;
y vos hallarais en mí
un discípulo, un esclavo,
á los pies de su modelo
para siempre encadenado.
Clara, Harto me honráis: tal destino conviene poco á mis años; quien ha menester consejos, necio fuera en querer darlos.
Duque» ¿Por qué no? yo aventurara también los mios: no alabo mi discreción; mas un loco tal vez tiene hechos de sabio.
Clara» Mi esposo es solo mi guia,
[57]
mi único amigo; y ¿acaso
puede haber otro mejor ? Duque» Ninguno... mas un anciano
es adusto; sus consejos
son buenos, pero arbitrarios;
y no tolera placeres
que ya para él acabaron.
Nos avenimos mejor
los jóvenes ; perdonamos
con facilidad, y todo
es indulgencia su trato.
Vuestro esposo es vuestra gloria,
pero vos sois el encanto
de su vejez ; él os ve,
os ama, os adora: ufano
os puede pintar su ardor,
libre del tormento amargo
de fingir una tibieza
que desmienten sus cuidados;
y puede en fin sin ofensa
deciros siempre: Yo os amo. Clara. ¿Por qué ofenderme? También (Sencillamente.)
le digo á él otro tanto. Duque. ¿Quién? ¿vos? ¡Oh dicha envidiable!
Yo solo... ¡recuerdo amargo!
perdonadme este desorden.
Un tiempo esperé... volaron
cual dicha mis esperanzas...
Un tiempo esperé tan grato,
tan inefable placer. Clara. ¿Vos, señor? Duque. ¡Desventurado!
¿Y hay quien envidie mi suerte?
Sí, vo amaba... era el dechado
de las gracias é inocencia...
Aun creo estarla mirando.
Sencilla, cual vos, sin arle
hechizaban sus encantos.
Esa voz era la suya:
igual en todo... me engaño:
mas joven, no era tan bella:
[58]
si cual vos brillara, en vano su ardor mi pecho ocultara. Los ojos, el rostro, el labio, hasta mi silencio hubiera mi secreto publicado; pero joven y medroso temblaba de declararlo: huía de su presencia; y tal vez menos prendado, en lo mas hondo del pecho guardé tan terrible arcano.
Clara» ¿Y qué os obliga á callar
un amor que la honra tanto?
Duque* Siempre he temido ofenderla: por eso he callado, y callo.
Clara» ¡Cómo!
Duque» Aun no conocéis
mi mayor desgracia.
Clara, Acaso
¿ no la honrará el ser esposa vuestra ?
Duque, ¡Ay! aquella á quien amo es esposa de otro ya.
Clara, ¡Cielos!
Duque, Justo sin embargo,
aprecio al hombre feliz
que tanto bien me ha robado;
le sirvo... mas al objeto
de mi amor aun le idolatro:
por él me abraso, y suspiro.
Me ve, me oye, y arrostrando
sus iras, caigo á sus pies:
sí, vos sois, Clara, á quien amo.
Clara. ¿Qué escucho...? ¿Y os atrevéis.. No acierto á mover el labio. Miro mi ultraje, y apenas creo lo que está pasando»
Duque, Perdonad : no debí hacer
tal confesión... Me ha engañado ia apariencia... sí... ¿No habéis con semblante amable, y grato admitido mis obsequios?
[59]
Vos me entendisteis, y acaso
de mi triste situación
habéis querido burlaros.
¡Ah, Clara, soy infeliz;!
mas vos sola en este caso
sois la delincuente... {Se arrodilla.) Clara» ¡Cielos!
Pude merecer... Alzaos :
dejadme : mi corazón
llenáis de terror y espanto. Duque. Mi error de vuestras fingidas
bondades ha dimanado. Clara, ¡Olí de mi loca conducta
justo castigo! Apartaos.
Idos. Duque. Perdonadme. Clara. Nunca.
Marchaos. Duque. Que vuestro labio
me diga al menos... Clara. Ya os digo
que me horrorizáis... Si acaso
mi esposo... ¡oh Dios! los dos solos
y á estas horas... Duque. Solo aguardo
mi perdón, y huyo... Clara. ¡Qué ruido...!
El es... es su voz... marchaos...
ya no es tiempo. Duque. ¿Qué. mandáis? Clara. Nada... no sé... estoy temblando.
La fuerza v razón me fallan. Duque. Calmaos. Clara. No puedo... ¡Ah! si un rayo
de amistad... si vuestro amor
es verdadero... ocultaos
por Dios... callaré... prometo
olvidarlo todo... vamos,
aqui, aqui... Me habéis perdido. {El duque entra en el gabinete que está en frente del aposento de don Anselmo.)
Pero no... ¡qué es lo que hago!
[60]
¡Qué imprudencia...! mejor es... pero ya llega... finjamos.
ESCENA IV.
DONA CLARA. DON ANSELMO.
Doña Clara se sienta junto d una mesa: toma un libro y finge leer,
Ansel. No me engañó Valentín ; (Aparte.}
por sn turbación comprendo que está aqui. ¿Cómo tan sola? (A ella»} Clara. ¿Eres tú, querido Anselmo ? (Levantándose»}
Ya respiro... te aguardaba...
Y estaba... estaba leyendo. Anseh ¡Cuál te conmueve ese libro! Clara. Sí... mucho... Ansel. ¿ A ver ? Yo lo creo :
es el Quijote: no hay cosa
mas sentimental. Clara. No es eso ;
sino que... Ansel. ¿Nadie ha venido? Clara. No... nadie. Ansel. ¿Nadie? Clara. Sí... pero... Ansel. Me admira esa turbación. Clara. Como estabas fuera... Ansel. Entiendo.
Te daba inquietud mi ausencia. Clara. Eso mismo. Ansel. Lo agradezco.
Mas ya me tienes aqui.
¿ Por qué tiemblas ? Clara. Es que... temo
haberte enojado. Ansel. No.
No ha sido nada: estar dentro
del coche tres cuartos de hora
sin poder llegar; y luego
verme pisado, molido,
[<SÍ]
hasta que falto de aliento
vuelvo sin haberte hallado.
¿Qué es lodo eso? Nada: un juego. Clara» Estás irritado: es justa
tu indignación : la merezco. Ansel» ¡Y tu duque! Bien rae vio,
mas sin hablarme. Lo creo :
¡como no estabas alli...! Clara» ¡Ay! ahora que me acuerdo»
Toma. (Tomando el despacho de encima de la mesa») AnseU ¿Qué papel es este? {Lee.)
(La prueba en mis manos tengo;
tiemblo de cólera...) ¿Quién
os ha entregado este pliego ? Clara» El duque. Ansel» ¿En el baile? Clara» Nadie
sirvió nunca con mas celo* Ansel» ¿En el baile? Clara» Yo creía
que te diera mas contento
esta noticia. Ansel» ¿En el baile?
Ya contenerme no puedo.
Alli, lo sé, el insólenle
no te dejaba un momento ;
te seguía á todas partes,
te hablaba amoroso y tierno,
haciendo alarde ante todos
de su vil pasión. Clara» ¡ Ay cielos !
No grites; mira que estamos... Ansel» Estamos solos. Le tengo (Alzando la voz.)
por el mas vil de los hombres. Clara» ¡Calla! Ansel» Es un cobarde. Clara» ¡Anselmo,
por Dios! Ansel» Que he de castigar. Clara. Habla mas bajo , te ruego.
{Volviéndose involuntariamente hacia el gabinete.)
[62]
Ansel. Allí está. {Aparte, observando á Clara.) Clara. Pueden oírte
los criados. Ansel. ¡Ah! sí, es cierto:
tienes razón... Necesito
descansar... Tú, vete luego
A tu cuarto... ¿No obedeces? Clara. Cuando irritado te dejo,
¿ cómo quieres... Ansel. Pues te quedas,
yo me voy. A Dios. Clara. Anselmo. Ansel. ¿Qué quieres? Clara. Dame la mano.
¡Ay! Soy culpada confieso. Ansel. ¿Culpada tú? Clara. Sí ; mañana
te descubriré un secreto. Ansel. ¿Cuál es? Habla; ya te escucho. {Con ira.) Clara. Mañana. En este momento
no pudieras escucbarlo
con el ánimo sereno. Ansel. Enhorabuena. Á Dios, pues. Clara. ¿Asi le vas? ¿no merezco
boy que me abraces? Ansel. ¡ Ah! Sí.
¡Qué audacia! {Aparte.) {Entra en su cuarto y cierra la puerta. Clara, que lo observa , da un paso hacia el gabinete , y se de- tiene y dice al marcharse.) Clara. Gracias al cielo,
podrá escapar. {Fase.)
ESCENA V.
don Anselmo , volviendo»
Ya estoy solo.
Su error deja el campo abierto
A mi jusla indignación.
[63]
ESCENA VI.
DON ANSELMO. EL DUQUE.
Ansel. Salid, salid , caballero.
{Abre la puerta del gabinete.)
Duque. ¿Qué me queréis ?
Ansel. Castigar
vuestra insolencia; esto quiero.
Duque, i Quién , vos ?
Ansel. Yo.
Duque. Pero , señor...
Ansel. ¿Cuándo, cómo, y en qué puesto?
Duque. ¡ Oh ! Cálmese aquesa sangre; cálmese por un momento...
Ansel. Si está helada por la edad la poca sangre que tengo, al instante que la ultrajan se inflama y hierve de nuevo. ¿Pensabais hallar en mí un marido como aquellos que el mismo que los obsequia los mira con menosprecio, y viviendo de su infamia la sufren sin sentimiento?
Duque. ¿A qué suponer tal cosa? ¿Quién os lo prueba?
Ansel. Este pliego.
Tomadlo, lomadlo... ¿no? Pues lo rasgo: nada os debo, y no tengo que guardar ya con vos ningún respeto.
Duque. Si al. declarar mi pasión en vos un título ofendo que debió serme sagrado, vuestra esposa por lo menos inocente...
Ansel. ¡Vano ardid!
Duque. Mirad que yo la defiendo.
Ansel. Vuestra presencia la acusa.
Duque, ¿Dudáis cuando lo sostengo?
[64]
Ansel, ¿Y lo afirmáis siendo falso? Venid, pues, á sostenerlo.
Duque- No podría ser igual
en l re los dos este duelo.
Ansel, Entre los dos vuestra injuria la diferencia lia desecho: el agresor, sea quien fuere, no puede escusar el duelo, que al grado del ofendido le humilla el agravio mesmo.
Duque, ¿Y quién hahla aqui de clases? Por vuestra edad me contengo.
Ansel. ¡Mi edad! debisteis mirarla
cuando el agravio habéis hecho j mis canas ya no os escusan cuando yo vengarlas quiero.
Duque, Moriréis, y quedaré de ridículo cubierto.
Ansel, Cesa la ridiculez
do empieza el crimen : si muero, seréis solo un criminal, y este es el castigo vuestro. ¡Qué! ¿pensáis impunemente turbar la dicha, el sosiego de un matrimonio, y mirar su deshonra corno un juego? No, que llega á ser delito lo que burla fue primero, y al morir el hombre honrado os deja el remordimiento. O vencedor ó vencido, con honor yo siempre quedo: vos vencido lo perdéis, pero mucho mas venciendo. De la suerte de un marido las gentes rien , es cierto; pero si hay sangre, la risa se convierte en vituperio. ¿Vos ridículo? no, no ; seréis un vil, un perverso.
Duque, Ya es esto demasiado,
y he cumplido como debo.
[65]
Mi temor fue por vos solo ,
mas voy á satisfaceros.
Sois digno contrario mió :
asi fuese el brazo vuestro
de tan noble corazón
apoyo menos ligero. AnseU No , no quedará por él
mi venganza sin efeclo. Duque. ¿A qué hora? AnseU Al rayar el alba. Duque» ¿Vuestra arma? AnseU La espada. Duque. El puesto.
Ansel. Yo iré por vos. Dios os guarde. Duque. A Dios pues ; ved que os espero. AnseU Yo os evitaré el fastidio
de esperarme mucho tiempo.
FIN OEL AÍTO CUARTO.
ACTO QUINTO.
ESCENA PRIMERA.
DON Anselmo. Valentín. Se quedan mirando algún tiempo sin hablar.
Val» \ 1— Jinda campaña hemos hecho! AnseU ¡Desarmado! La desgracia
me persigue por do quiera. Val. \ Vos reñir! Ansel. ¡Ah! Ya me enfadas,
hablador. Val. Qué buen su ge t o
es el señor duque. Anscl. ¿El? Val. Vaya... Ansel. ¿Quién? ¿Él? Val. Riñe sin testigos;
es una partida guapa. Ansel. Sería por miramiento
á mi muger. Val. Pero cuántas,
cuántas disculpas os dio
después del combate: el alma
tengo toda conmovida. Ansel. Sus palabras eran falsas,
y no lo creo. Val. Yo sí;
que es mas agradable. Ansel. Calla;
vé á ver si están levantados.
[67]
Val* ¿Quién ha de estar en la cama
á estas horas? AnseU ¿Es tan tarde? Val* Muy tarde. Desde la casa
de campo hasta aqui , ya veis
hay una buena tirada;
y aunque el combate fue corto»» Anselm ¡Cómo! (Enfadado.) Val» Fue bastante larga
la conversación. El duque
por tranquilizaros... Ansel. Marcha;
vé á ver si... ¡pero mi suegra!
¡Qué fastidio! Vete y calla.
ESCENA II.
DON ANSELMO. DOÑA ELVIRA.
Elv. ¿No tenia yo razón
en decir que os esperaba
en la corte la fortuna?
¡Director de rentas! Vaya,
¡cómo se llena la boca
con este título! AnseU ¿Y Clara? Elv. ¡Hija mia ! es un tesoro. Ansel* Tengo que darle mil gracias» Elv. Y á mí también. AnseU No; tampoco
quedareis vos desairada.
Mi muger debe saber
que ya estoy de vuelta en casa. , Yo deseo hablarla á solas.
¿Puedo verla? Elv. Para hablarla
á solas, no. AnseU ¿Cómo es eso? Elv. Que está la casa atestada
de gentes... cuántos amigos
[68]
tenéis sin saberlo... Clara
no quería recibirlos;
sino es por mí... Esla muchacha
no sé lo que liene : está
que ni ve, ni atiende, ni habla.
Yo creo que vuestra dicha
la tiene medio alelada.
Mas ¡si vierais! ¡cuanta gente!
Unos suben, otros bajan:
visita sobre visita ;
y todos nos agasajan
y nos dan la enhorabuena,
y os elogian , y os ensalzan. Ansel. ¿Con que mi muger está
de besamanos ? Elv. Es tanla
la concurrencia, que va
nuestro gran salón no hasta. AnscJ. Lo siento. Elv. Amigo, es preciso
nos mudemos sin tardanza
á otra casa mas capaz ;
yo misma quiero sin falta
en su busca recorrer
loda la corle mañana.
ESCENA III.
DICHOS. DON SIMÓN.
Simón, Anselmo, querido Anselmo. Ansel* ¿Q"é tienes, Simón, que tanto
gritas ? Simón. ¿Qué tengo? ¡Dios mió! Ansel. ¿De qué dimana ese rapio
de locura ? Simón. ¿ Y lo preguntas? Ansel. Di lo, pues. Simón. Dame un abrazo. Ansel. ¿Hablarás?
169-]
Simón. Tu empleo, amigo, tu empleo.
Elv. Vaya, alegraos.
Ansel. Si no hay nada.
Simón. ¿Cómo no?
¿Te atreverás á negarlo cuando la Gacela de hoy lo publica?
Ansel. ¡Cielo santo!
Ya nadie lo dudará.
Elv. Como que es de oficio.
Simón. Vamos,
yo me alegro tanto mas cuanto que estoy ya temblando por mi empleo.
Ansel. ¿Cómo es eso?
Sir/ion. Hoy de tu favor me amparo. Ya saben lo del dinero que ayer le presté: está malo el negocio ; pues en casa del ministro lo han contado.
Ansel. ¡No me faltaba otra cosa! ¿ Pues cóiDOm ?
Siman. No hay que dudarlo.
Elv. Vos lo dijísleis á Clara;
Clara á mí, y yo lo he contado en el baile, porque os honra de amistad tan bello rasgo.
Ansel. ¡Comprometer á un amigo!
Elv. No lo creo; y en tal caso,
con que Cíarila hable al duque quedará lodo arreglado.
Simón. Bravo.
Ansel. Te engañan, Simón;
no disfruto yo de tanto valimiento.
Elv. Pues señor,
pasad lingo por mi cuarto; yo quiero bajar con vos á ver al duque: rae encargo de lodo: voy en su nombre
[70]
al instante á presentaros. Ansel. Pero señora... Simón. Querido :
perrnitirásme aceptarlo:
repara lú el daño al menos,
ya que tú me lo has causado. Elo, Es muy justo, yerno mió. Ansel. ¡Maldito respeto humano
que á callar me obliga! {Aparten) Simón. Tengo
que hablarle en secreto cuatro {Aparte?)
palabras: disimulad;
en dos minutos despacho,
y vuestro seré, señora. Ele. Con mucho gusto os aguardo. (J^ase.)
ESCENA IV.
DON ANSELMO. DON SIMÓN.
Simón. Tu dicha me encanta, amigo.
Ya de ella me estoy formando
la imagen mas seductora;
y ya me siento inflamado
de un deseo nuevo en mí:
salgo al fin de mi letargo:
te dije que mis amigos
me proporcionan la mano
de una señorita joven ,
linda y bella... Ansel. ¡Mentecato!
¿Quieres casarle? ¿Estás loco? Simón. ¿No me lo has aconsejado? Ansel. ¡Casarte! Simón. Mira : se trata
de un arreglo ; y en tal caso
estamos mal los solteros,
pues pagaremos el palo.
El ser padre de familia
es un título sagrado
[71]
que guarda el empleo y abre paso á los que van vacando. Ansel. ¡Pero casarte á tu edad! Simón. ¡Qué! ¿Tienes tú menos años? Ansel. ¡Hombre! yo es muy diferente; pero tú,... ¡casarte! Vamos, has perdido la chaveta. ¡Qué mal conoce un anciano solterón su dicha...! ¡ay! huye de tan desiguales lazos. Sería unir la razón con la locura, y en pago de amor recibir desprecios, odio, penas, sobresaltos. Te morirás, no lo dudes, de pesar... ¡á sesenta años casarse! ¡y con una joven! Mejor es un trabucazo. Simón. Alónilo estoy de oirle.
Pero tú , ¿ no le has casado ? Ansel. Hombre, yo es muy diferente; pero tú... Asi que tus labios pronuncien el sí fatal, voló tu dicha : á veinte años ¿tendrá tu esposa tu genio? No lo tendrá. Tú el descanso apeleces ; tu muger te alborotará el cotarro. ¿Quieres dormir? pues al baile. ¿Tienes dinero? á gastarlo. ¿Guardas un secreto? al punto ella lo va divulgando. De aqui vendrá el mal humor, los gritos y los regaños ; pasarás la noche en vela y los dias sin descanso. Mira cuál será tu esposa. Sirnon. Pero ¿ por qué causa cuando es ún ángel tu muger, la mia ha de ser un diablo ? Ansel. Hombre, yo es muy diferente,
[72]
pero tú... Mira, si acaso ese tesoro, tan fácil de perderse, te es robado; si al fin te... ¡Jesús! no sabes qué tormentos tan amargos te aguardan : te harás zeloso f siempre la estarás rondando... Pues si encuentras algún dia dentro de tu propio cuarto á un rival, un seductor... entonces sí, que inflamado de furor, para vengar tu injuria saldrás al campo.»
Simón, No lo creas.
Anscl. Sí saldrás.
Simón. No saldré... si tú en tal caso la echabas de valentón, á mi vez ahora esclamo que yo, amigo, es diferente. ¡Yo esponerme! ni pensarlo. Pero nuestro asunto exige mi presencia : yo me marcho, y sin tardar me dirijo á casa de nuestro caro protector... ¡Un desafio! No dijera mas el diablo. (Vase.)
ESCENA V.
DON ANSELMO. Luego DONA CLARA.
Ansel» ¡Pobre Simón! está loco.
Clara. {Sale con una carta en la mano.)
¡ Pedro, Juan , hola, criados!
¿No hay nadie...? ¡Mi esposo! — Vine {Oculta la carta en el pecho.)
esta mañana temprano,
temiendo hallarte indispuesto;
mas eslahas descansando
según me dijeron ; fuíme
[73]
al momento muy despacio sin meter ruido... ¿De veras dormias? Ansel. Sin duda. Clara. Vamos,
nada sabe. Ansel. ¿Y el secreto? Clara. No era nada. (Turbada.) Ansel. ¿No has guardado
un papel ? Clara. Sin interés. Ansel. Que le tenga ó no, sepamos
qué papel es. Clara. Un billete. Ansel. Enséñamelo. Clara. Son cuatro
letras que escribo... Ansel. ¿ A quién? Clara. A...
¿ qué te importa ? Ansel. Yo lo mando. (Con violencia.) Clara. ¡ Qué severidad ! Jamas te he visto tan enojado. Ansel. Lo estoy, y lo debo estar. Ya contener no me es dado mi justo furor. ¡Ingrata! ¡ Hé aqui de mi amor el pago ! ¿ Cuándo mi ciega ternura se opuso á tus gustos? ¿Cuándo de un inocente placer me viste privarte? ¿Acaso he sido un anciano adusto, un opresor, un titano, y cual con grave cadena te hago insufribles tus lazos? ¡Traidora! tú los rompiste. ¡Ah! propio del que ama tanto es el ser aborrecido ; pero hacerme desgraciado , deshonrarme... Clara. Juro...
[74]
AnseU Aleve,
tus juramentos son falsos.
Lo sé todo: he sorprendido
dentro de tu mismo cuarto
al autor de mi deshonra :
con él he salido al campo
á derramar una sangre
que lavaba mis agravios. Clara* ¿Quién? ¿Tú? ¡Qué horror! Anseh No te asustes :
el duque ha quedado salvo :
vence, y estoy sin honor;
mas libre ya de mis lazos ,
ni amor ni respetos tengo ;
todo me es lícito cuando
mis sospechas justifican
tus anteriores engaños.
Quiero ver ese billete;
sea cual fuere este arcano ,
me ofende, sí, y criminal
te haces ya con ocultarlo.
Quiero verle, quiero verle. Clara, Aqui le tienes. AnseU Temblando
le recibo... Alguna nueva
desgracia que ignoro acaso
contiene... ¡Cielos! ¡Al duque! Clara- Al mismo. AnseU No me he engañado.
Mi corazón presagiaba
esta traición. Clara. Lee. AnseU Hagamos
un esfuerzo... Mas mis ojos
se turban... procuro en vano
leer... mi furor aumenta.
¡Ah! ¡Pérfida! Clara. Dame. AnseU Oigamos.
Clara. {Lee.) "Señor duque. A vos dirige sus justas
[75]
quejas una muger á quien habéis ofendido. Podré haber incurrido en la ñola de inconsiderada y li- gera, pero jamas pensé merecer el ultraje de una declaración que me avergüenzo de recordar. Amo á mi marido, le amo con toda mi alma, y creedme, señor duque , podria volveros á ver sin el menor riesgo; mas debo, tanto por mi honor ultrajado, cuanto por la tranquilidad de mi esposo, prohibi- ros ya la entrada en mi casa. Dejando vos de tri- butarme ante las gentes obsequios que me deshon- ran, daréis una prueba de que aun me juzgáis dig- na de vuestro aprecio, y mereceréis el mió."
AnseU ¿Será verdad? ¿Qué he leido?
(Volviendo á tomar la caria.) Clara» Escúchame, esposo amado.
Temiendo tu justo enojo,
pensé acertar alejando
de tu vista á tu rival.
Mas en lugar de evitarlo
hice nacer el peligro,
turbándome el sobresalto ;
tu vida espuse, tu vida
preciosa, que estimo tanto.
Pensé descubrirle todo,
mas en mis trémulos labios
espiraba mi secreto
al intentar declararlo.
Evitemos á mi esposo
un pesar, dije, ocultando
tan doloroso misterio,
y con el deber cumplamos,
mandando al duque no vuelva
á verme mas... Informado
estás de lodo: consulla
tu corazón ; y pues te hablo
sin disfraz alguno, sé
mi juez; tu sentencia aguardo. Ansel. ¿Es cierto...? Esta caria... sí:
las palabras recordando
del duque...
[76]
Clara» O no me amas ya, {Con ternura.")
ó debes creerme. Ansel* Te amo,
Clara, y mi credulidad te prueba cuál te idolatro: cuanto el duque me decia lo juzgué imposible, falso; mas hablas, y la verdad creo salir de tus labios. Mi corazón no resiste á tan poderoso encanto ; y de tu voz seductora cedo al suavísimo halago. No es posible que me engañes ; y aun cuando lo fuese, en vano mi razón comba liria tan dulce error. Clara. ¡Oh Dios! ¡Cuánto
tu confianza me enternece!
y ¡cuan lo sino la pago
con hacerle venturoso
culpada fuera! Salgamos
de Madrid... sí: sus placeres
son un peligroso lazo,
do tal vez á mi pesar
mi virtud muriera al cabo.
Turban mi razón, me arrastran,
me desvanecen ; en vano
intento huir el peligro,
en él sin sentirlo caigo.
Hoy mis proyectos de. ayer
en otros ya se trocaron ;
solo la voz de mis gustos
escucho: cedo, me exalto,
y cuando la razón vuelve
ya entonces culpada me hallo.
Sácame de tantos riesgos,
esposo mió ; yo te amo ;
¡Y sin embargo por mí
fue tu sosiego turbado!
Hazte dueño de mi vida,
[77]
querido esposo ; partamos: llévame lejos de aqui : mi genio es mudable , vario ; hoy lo deseo, y mañana querré tal vez lo contrario. Ansel. Este es el fin de mis penas;
¡cuánto le agradezco, cuánto, tan hermoso sacrificio!
ESCENA VI.
DICHOS. VALENTÍN.
Ansel. (A Valentín , que atraviesa el teatro.)
Valenlin, oye; ya cslamos
decididos á partir
para Cádiz. Val. ¿Para Cádiz? Ansel. Sí por cierto. Val. ¡Qué milagro!
¿Es cierto, señora? Ansel. Pues :
ahora será necesario
que la señora lo afirme
para que lo creas. Clara. Cuando
tu amo lo dice... Val. Señora ,
perdonadme: soy casado ;
y á mí mismo no me creo
sin primero consultarlo
con mi muger. Clara. Buen principio.
ESCENA VII.
DICHOS. DON SIMÓN. DOÑA ELVIRA.
Simón. Amigo, ¡con qué agasajo
[78]
el duque me ha recibido !
Mis temores acabaron.
Se conoce que te estima
muchísimo : me ha encargado
te diga que en cierto asunto
que te interesa, sus labios
no romperán el secreto. Elv. Muy bien, mas lo que yo estrano
es que, según dice, habéis
vuestro empleo renunciado. Clara. Tiene razón , madre mia. Ansel. Sahed también que marchamos
para Cádiz; los asuntos
de mi hijo lo exigen. Elv. ¡Bravo! (Admirada.)
¡Gran proyecto! Con que asi.» Ansel. Disimuladme si os saco
del centro de los placeres;
mas yo haré por procuraros
alli cuantos pueda : algunos
conciertos, de cuando en cuando
un baile... ¿Qué te parece? (A Valentín.) Val. Muy bien. Ansel. Y dentro de un año
si el amigo Simón pide
licencia, vendrá á buscarnos
con su muger. Clara. ¿Cómo es eso?
¿ También pensáis en casaros ? Sirnon. ¿Yo casarme? ¡Dios me libre!
No seré tan mentecato.
Tomar muger á mi edad
joven y linda bien puede
salir bien ; pero sucede
rara vez á la verdad.
Tú lo hiciste : una gentil
joven por esposa hallaste:
eres feliz , lo acertaste ;
mas eres uno entre mil.
Cuando llego de la vida
casi el término á tocar,
[79]
¿ quieres me vaya á enredar por una senda torcida ? Donde resvalan los mas puedo dar en falso un paso; y asi, amigo, no me caso, ni me casaré jamas.
TIN DEL ACTO TERCERO.